18 de Noviembre de 2018

No siempre un acto cotidiano, repetido mil veces, tiene el mismo efecto en nosotros. A veces pasa algo diferente, se produce un clic, y lo normal y cotidiano deja de serlo para generar un pequeño cambio. Ya las cosas no son las mismas, no saben igual.

Existe la posibilidad de que hoy un pequeño bocado a una simple galleta pueda dejarnos en el paladar el retrogusto de la falta de responsabilidad empresarial. Y que ese pedazo de galleta, además de hacer el viaje hacia el estómago, haga la digestión en la conciencia y nos traiga hasta la mente la mirada triste de nuestros primos biológicos cercanos, los orangutanes.

Ese día, si tiene que ser hoy, provocará que el sabor de la galleta se disgregue en el paladar en una explosión de responsabilidades compartidas. Quizás, a partir de este día, sabremos que, más allá de comer o dejar de comer una simple galleta, es obligado preguntar al fabricante si está o no está dispuesto a poner freno a la destrucción del planeta.

Sí, hoy la galleta Oreo sabe a deforestación. Y la empresa fabricante de la esta famosa galleta se llama Mondelez, fabricante de las famosas barritas de chocolate Cadbury, las galletas Ritz y las galletas Oreo.

Para la fabricación de todas estas galletas se utiliza el aceite de palma. Una investigación de Greenpeace International ha descubierto que entre 2015 y 2017, 22 de las empresas proveedoras de aceite de palma de Mondelez destruyeron más de 70.000 hectáreas de selva tropical, un área más grande que la Ciudad de Chicago, donde se encuentra la sede central de esta multinacional. De toda esta superficie destruida, 25.000 hectáreas eran hábitat de los orangutanes.

Además, los proveedores de aceite de palma de Mondelez también han sidoacusados de trabajo infantil, explotación de trabajadores, deforestación ilegal, incendios forestales y acaparamiento de tierras. Mondelez obtiene gran parte de este aceite de palma insostenible de su proveedor Wilmar International, el comerciante de aceite de palma más grande y sucio del mundo.

Mondelez defiende que el aceite de palma que compra anualmente, en torno a 300.000 toneladas, está certificado por la Mesa Redonda del Aceite de Palma Sostenible, sello más conocido por las siglas RSPO. Pero el método por el que se otorgan estos certificados por parte de la industria del aceite de palma son meras declaraciones de intenciones que suponen el peor de los modelos de certificación posible. En la práctica, esto significa que las plantaciones y los grupos de productores de los que se suministra mayoritariamente Mondelez no tienen un modelo de gestión sostenible ni excluyen la destrucción de la selva tropical.

En el año 2014, la empresa Mondelez adoptó un compromiso de “No Deforestación, no destrucción de turberas y No explotación forestal”. Así mismo, Mondelez firmó la Declaración de Nueva York para terminar con la deforestación de los bosques y es miembro del Consumer Goods Forum Palm Oil Working Group. Si de lo que se trata es de firmar, Mondelez se apunta el primero.

Pero todo sigue igual. Es indignante que, a pesar de haber prometido hace casi diez años limpiar su cadena de suministro de aceite de palma, Mondelez todavía este comerciando con destructores de los bosques. Mondelez sabe que sus proveedores, con Wilmar Internacional a la cabeza, no le están asegurando que su aceite de palma no procede de la deforestación y la destrucción del hábitat de los orangutanes.

Mondelez hoy tiene que saber que sus galletas ya no saben igual.

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